
Ansío conversar contigo de cuándo llegará la lluvia,
pasear y vivir silencios de complicidad entre los dos
porque no nos hagan falta palabras para sentirnos.
Que sea suficiente mirar el reflejo de tus ojos verdes y grises
en los míos hechos de café natural para llegar a vibrar amor.
Beber la paz serena a bocanadas con la sed inmensa,
percibirnos la piel en el alma temblando al rozarnos.
Cabalgar dunas de emociones por el desierto de los cuerpos,
conquistar los miedos con las velas llenas del coraje intenso.
Aterrizar el vuelo con ternura en un océano de caricias suaves,
elevarnos en pétalos que se deslizan hacia el deseo sublime
que zurzan curando con fuerza las cicatrices del dolor.
Poder ofrecerte cada rizo de carbón de mi pelo azabache
para que no olvides nunca la luz de mi sonrisa inocente
que nace de tu guiño, que da la vuelta a la tortilla para bien,
al instante en que todo mi mundo rueda en inercia hacia abajo.
Manos frías, heladas, que quiero deshacer con calor de los truenos
de la tormenta de verano que divisa triste en tu humilde corazón.
Destellos quieren bailar en el aire en remolinos de vientos alisios
para llevar las hojas de otoño con un secreto bien a resguardo.
Sincronías de deseos, anhelos, atajos, carreteras y destinos
que ayuden a mis pies a emprender la gran ola, la tercera
aprendiendo el placer de surfear fluyendo, trapecio de vida.
MIREIA BOSCH TELLO

